Hoy ha tenido lugar el punto y final de los Juegos Olímpicos más importantes de mi vida, los de Londres 2012.
Son sin lugar a dudas los que más he seguido y los que más he esperado. Todo ello motivado por aquella promesa que hice a los quince años, cuando se peleó la candidatura entre Madrid y Londres, de ir a verlos fueran donde fueran. La experiencia ha sido algo difícil de explicar, y es algo que todo el mundo que tuviese la oportunidad debería hacer. El orgullo de un país en su máximo esplendor resulta hasta contagioso para los extranjeros que acudimos de visita y jamás en mi vida había vivido un ambiente tan festivo y cargado de felicidad en estado puro. Esa magia que siempre debería estar presente en el deporte, en unos Juegos Olímpicos es un continuo durante las 24 horas al día, los 15 días que duran las olimpiadas. Y ver a una de las capitales europeas transformada, sus habitantes con el mono de voluntarios puestos, que viven por y para ese evento es algo que corta la respiración.
