Hoy me he encontrado con este gráfico que explica el «propósito» de una persona en clave de teoría de conjuntos, como la intersección entre lo que te encanta hacer, lo que haces bien, por lo que te van a pagar, y lo que el mundo necesita. O, puesto en base de otros subconjuntos derivados de los anteriores, la intersección entre tu pasión, tu misión, tu profesión y tu vocación.
Soy muy fan de los gráficos de este tipo, por lo que de entrada me gustó bastante. Luego me empecé a preguntar… ¿existe de verdad un punto en común entre esos cuatro universos? ¿De verdad a mis 25 años, puedo encontrar una profesión para la cual haya nacido, que además me apasione y sea mi misión en la vida? Desgraciadamente, la experiencia me dice que no. Al menos no tan pronto. Quizá existan personas más afortunadas, o con su mundo de valores-oportunidades mejor alineado, pero en mi caso, esos cuatro universos no se tocan en apenas algún punto.

No obstante, tengo una solución. En mi vida, hay más de un componente, más de una actividad que me ocupa. Y aunque no pierdo de vista el objetivo último de encontrar un trabajo que encaje perfectamente en la zona de «propósito», en este momento no veo mal la solución de situar mi día a día en las distintas intersecciones. Tal vez eso signifique que tu trabajo principal, el que me da de comer, esté en una zona (si tengo suerte en dos), que en mis ratos libres dedique mi esfuerzo a otras actividades que cubren el resto del espacio (a través de voluntariado, adhesión a asociaciones, siendo un comprador inteligente, apoyando causas que me interesan). Y de esta forma, poder ir aprendiendo cómo acercar esos círculos hasta que se lleguen a tocar entre sí, y como encontrar un sitio en el centro de ellos.
