Kotor

Dicen que no hay nada mejor como entrar en un crucero desde el Adriático para disfrutar de la bahía de Kotor. La verdad es que acceder desde la antigua carretera regional desde la costa donde está Budva, tampoco está nada mal. Dentro de las muchas curvas que hace la carretera en la montaña, hay unas panorámicas que quitan el hipo.

Budva es el destino de veraneo por excelencia para muchos balcánicos, y a sólo media hora de Kotor es una alternativa genial para encontrar alojamiento y visitar la ciudad desde ahí. Aunque si vamos pensando en playas y chiringuitos y turismo sofisticado, podemos llevarnos algún que otro chasco.

Volviendo a Kotor. Kotor y su muralla son una experiencia de amor-odio para el turista. Sobre todo a los 44º que nos encontramos en nuestra visita. Tras pasar las horas de calor más fuerte a la sombra de las estrechas calles de su casco antiguo, decidimos poner rumbo a ella. Kotor podría ser la típica ciudad amurallada, pero no. Por un lado tiene el mar, así que por ahí no hacía falta construir. Y por encima, montaña. ¿Cómo de arriba debemos poner la muralla? – Debió de pensar alguien. «Allá arriba, para ver bien y que no nos ataquen por los lados». Pues ni cortos ni perezosos, plantaron 1322 escalones para cubrir los 950m de altura. Que si haces las cuentas, daría a 70cm por escalón. Tanto no es (hay desnivel entre escalón y escalón y el desnivel real no es tanto) pero la subida es dura de pelotas. Eso sí, una vez consigues llegar la vista es espectacular. Y si además consigues cuadrarlo al atardecer, entonces ya no te quieres ir nunca de allí.

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