Un salto para la historia

Pues ahí están dos hermanos del extrarradio de Barcelona, dos aventureros que se pusieron en órbita para abrirse paso entre la selva NBA, territorio afro, reducto supremo de los “play grounds”, donde nadie regala nada, donde los egos bullen sin control. Pau llegó huesudo, Marc, con la báscula en alerta. Sus cuerpos amplificaban las sospechas de que ya de por sí despiertan esos europeos de tez blanca que invaden el coto privado de gigantes musculados y funambulistas que podrían sobrevolar los aros mientras comen pipas. Primero se hicieron un hueco, luego se ganaron el respeto de sus franquicias, más tarde la admiración de sus adversarios y, ahora, definitivamente, el máximo reconocimiento universal. Es el sello de una España, la España deportiva, abierta, plural, sin barreras, ensoñadora, capaz de hacer de la necesidad virtud, como el ejemplarizante caso de las mujeres.

La carrera de Fermín Cacho en Montjuïc aún fue con los pies en el suelo, como había sido episódica la sutil muñeca de Manolo Santana, el “cristo” de Joaquín Blume, el imparable pedaleo ascendente de Federico Martín Bahamontes, el descenso vertiginoso de Paco Fernández Ochoa, el gas de Ángel Nieto o el “swing” de Severiano Ballesteros. Ya en ebullición llegó éxtasis del gol de Iniesta y el paraíso con Rafa Nadal. Todas ellas, instantáneas de museo grabadas de por vida en la retina, secuencias que se narrarán de prole en prole. Pero el salto de los Gasol retrata un brinco polideportivo descomunal: del fútbol, el tenis, el balonmano, el motociclismo, la vela… Es un brindis por David Cal, Joan Llaneras y Gervasio Deferr, los españoles con más medallas olímpicas. Y por Javier Gómez Noya, Javier Fernández, Joel González. Es la cima en la que habitan como en casa Carlos Soria y Edurne Pasabán. Y, cómo no, es el vuelo magistral de las deportistas españolas, de Lilí Álvarez a Mari Paz Corominas, de Arantxa Sánchez Vicario a Mireia Belmonte, de las “Guerreras”, de las “Delfinas”, de las “Sirenas”. De todas ellas, que ya son tantas y tantas, sin excepción.

Cainismos aparte, por una vez sin caspas y cutreríos patrios u autonómicos, el logo no sería un homenaje al basket, incluso trascendería la estela de los Gasol. Por supuesto, tampoco sería asunto de “csds” o “coes”, sino una oda al deporte español en general, una foto fija de ese estallido que surgió tras Barcelona 92 y que ha sido la fiesta mayor de este país desde entonces. Una alegoría del talento, la superación, los complejos vencidos, la tenacidad y el esfuerzo. El nexo de todos. Un panegírico de los que fueron y un espejo para los que son y serán. Se puede saltar muy alto. Ahí está esta foto eterna.

ALL STAR  14/15 nba all star 2015