La torre de las calaveras es probablemente uno de los monumentos más impactantes de los balcanes, muestra del caracter y compromiso de sus habitantes. En 1804, los serbios se rebelaron por primera vez contra la ocupación otomana, aunque sin demasiado éxito. Al verse derrotados, su líder ordenó al ejército serbio inmolarse en una gran explosión de pólvora, matando también a unos cuantos enemigos con su última acción. Los otomanos decapitaron y despellejaron a los enemigos ya muertos para construir con sus 952 calaveras una gran torre que sirviese como advertencia al resto de sus enemigos, y de serbios que siguiesen pensando en el levantamiento.
Años más tarde, cuando en 1878 los serbios recuperaron finalmente el territorio convirtieron la skull tower en una zona de culto, construyendo una iglesia a su alrededor, como muestra de respeto a los primeros héroes que se alzaron frente a los otomanos.





