El héroe de los Hispanos

El España-Dinamarca de cuartos de final de ayer fue uno de los mejores partidos de balonmano que he visto en mi vida. Años luz de la apoteósica final del 2013 en la que a España le salía todo y Dinamarca era un fantasma de sí misma. Ayer ningún equipo se fue por más de 3 goles. Hubo pocos fallos. Mucha defensa, aunque paradójicamente poca portería. Daba la impresión de que Dinamarca encontraba el gol con más facilidad, y a España le tocaba trabajarlo más. Todo espectáculo, precisión, estrategia. Cuando Larsen empató a falta de apenas 20 segundos, todo parecía señalar la prórroga. Pero tirando de jugada ensayada, España movió hasta agotar la posesión, y en el 29’59» Cañellas soltó el brazo desde 9 metros para poner el 24-25 y meternos en semifinales.

Además de ser un héroe sobre la pista, es un crack fuera de ella. En el panorama futbolístico de hombres de paja incapaces de formular una frase subordinada con sentido al que nos someten los medios de comunicación, sorprende ver a un deportista con la cabeza bien amueblada. Dando caña al sistema y describiendo con la mayor claridad que he escuchado en mucho tiempo la situación de nuestro balonmano.

Disfrutad de esta entrevista para el ABC.

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Más guerreras que nunca

Tras un campeonato excelso, sobreponiéndose a las dudas generadas en la segunda fase, nuestras guerreras han conseguido colgarse una medalla más. Una plata que por primera vez ha estado muy muy cerca de convertirse en oro.

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Llega en un momento dónde parece que nada ha cambiado respecto a Londres. Tras aquel bronce olímpico ha mejorado ligeramente la repercusión mediática; pero la liga nacional sigue siendo precaria y la mayoría de las integrantes de la selección militan en el extranjero, complicando las concentraciones internacionales. Quizás por todo esto sabe mejor todavía: es un golpe en la mesa del balonmano femenino, un grito de AQUÍ SEGUIMOS y ni os imagináis lo que conseguiríamos con más apoyo. A todo esto, se agradece enormemente la noticia que hasta el día de hoy desconocía de que la Real Federación Española de Balonmano invierte la misma cantidad (2 millones de euros respectivamente) en la modalidad femenina y en la masculina.

Sobre el fútbol

Ayer vi mi primer partido de Champions en directo. A pesar de que fue un gran partido, dinámico, buen juego y con goleada por 5-0 llegué a la conclusión de que el fútbol está muy pero que muy sobrevalorado.

Por la tele el campo parece más grande, los jugadores más altos y más fuertes, todo el mundo corre y no hay más que derroches de potencia. Desde las gradas te das cuenta que predominan los medio metro sobremusculados y nada estilizados, que tanto delanteros como defensas apenas se mueven de “dos franjas” (que serán, ¿15 metros?) del campo y están el 90% del tiempo en estático, que todos sin excepción –desde el delantero desequilibrante al portero- son unos pupas, y que arranques potentes hay más bien pocos. No hay color con mis otros dos deportes favoritos: balonmano y baloncesto, donde cada jugada es un derroche de fuerza física y furia, TODOS los jugadores se desplazan de media cada 30 segundos de un extremo a otro del campo (50 metros), la técnica está mucho más evolucionada y el porcentaje de acierto de cara a portería/canasta es infinitamente mayor, y en consecuencia el espectáculo. Un equipo normal de balonmano o baloncesto realiza un lanzamiento en un 90% de sus posesiones. Un buen equipo de fútbol podría llegar (con suerte) a qué, ¿un 10%? Y si encima es malo puede quedarse en blanco.

La segunda muestra de lo sobrevalorado que está este deporte son las propias gradas. En el fútbol hoy en día es complicadísimo llenar un estadio. Es más, dadas lo ridículamente exagerado de las dimensiones que la normativa obliga a los clubes a instalar, en España domingo a domingo los campos están tristemente vacíos. Pero el problema es que cuando se llenan, como fue el caso del partido que tuve la suerte de presenciar, más del 90% del campo parece estar en un funeral, salvo los 30 segundos después de algún gol, o alguna jugada excepcionalmente buena cada 15-20 minutos. A excepción del llamado Fondo Sur, que anima incansablemente en pie durante los 90 minutos y descansa un rato durante los 30 de la mitad. Justo al revés que el resto de la grada, que en rara ocasión se pone en pie durante el choque, y ya si eso en el descanso se da un paseo. La situación es triste, si lo piensas objetivamente. A pesar de ser el país mediterráneo y con la sangre caliente, los alemanes nos dan mil vueltas en ese sentido si lo comparas con cualquier partido de la Bundesliga donde todo el estadio parece estar invadido por los ultras (y además de eso las entradas cuestan muchísimo menos, incluso si el equipo es de los grandes). Y ya si lo comparamos con un pabellón donde se juegue a balonmano o baloncesto es desolador.

La pregunta entonces es, ¿por qué es el deporte por masas en exelencia? Tras darle varias vueltas he llegado a un par de conclusiones propias.

  1. El fútbol es el gossip masculino. Cada día es capaz de vender tiradas de decenas de miles de periódicos, es una adicción mucho más seria que El Hola o la Cosmopolitan: ¡sale uno cada día! ¿Los chicos se creían salvados del mal del cotilleo? Já, ni mucho menos. Que si Luis Enrique no se atreve a cambiar a Messi, que si Cristiano Ronaldo estaba triste pero ya no… eso por no hablar de los cientos de fichajes que cada verano se dan por cerrados y luego son mentira.
  2. Es un deporte básico. Fácil de entender, se pueden organizar pachangas con los amigos aunque estos no tengan demasiada idea y se marcarán más o menos los mismos goles que en un partido profesional (si organizas una pachanga de baloncesto sin sin saber jugar bien no llegas a los 40 puntos). Cualquiera que dedique 5 imnutos a informarse es capaz de entrar en una acalorda discusión sobre los intríngulis del partido del otro día, o del Clásico de mañana. Te puedes hacer pasar por un experto sin saber das dos toques seguidos, y eso pasa con muy pocos temas en la vida.
  3. Último y probablemente el más importante. Es capaz de generar intensos sentimientos, la mayoría irracionales e incontrolables. Ser de un equipo de fútbol te hace ser miembro de un enorme grupo, y psicológicamente eso es una poderosísima herramienta de control de masas. Los políticos lo saben, y fue bastante impactante ver como durante la pasada Eurocopa el gobierno aprovechaba cada día de partido para dar las noticias más controvertidas y, ¡se salía con la suya!. Los días de partidazos las calles están vacías, y los centros comerciales ofrecen alternativas para tardes de chicas.

Dicho eso, me gusta el fútbol y lo más probable es que no deje de seguirlo. Pero eso no quita para que me dé cuenta de que es un sinsentido.

BM Atlético de Madrid

Seis años después de que España se proclamase campeona del mundo de balonmano, uno de los dos clubes más importantes, aún con una plantilla super competitiva en Europa, desaparece ante la imposibilidad de encontrar patrocinador. Es como si de un día para otro el Real Madrid desapareciese y dejase «solo» al Barcelona en la lucha por el título.

Hace dos años, el mítico Ciudad Real se vio obligado a mudarse a Madrid por ese mismo problema, y pidió al Atleti que les acogiese recuperando la sección de balonmano que años atrás había cosechado gran cantidad de títulos. Una putada para los aficionados, pero parecía que estar en la capital les permitiría estabilizarse a largo plazo, llegar a patrocinadores más fuertes y contar con el apoyo de las instituciones. Error.

Es una vergüenza ver cómo en este país parece sólo haber dinero para el fútbol. Habrá crisis y todo lo que se quiera, pero es tristísimo ver como millones de euros se mueven cada día en el fútbol, y en balonmano no son capaces de reunir un par de ellos para sacar adelante a un club que, como he dicho antes, es el Real Madrid del balonmano: compitiendo mano a mano con el Barcelona cada año por hacerse con la Asobal y la Copa del Rey; habitual en las Final Four de la Liga de Campeones y con un palmarés de quitar el hipo.

Son varios los campeones del mundo, y otros jugadores extranjeros de renombre, los que se han quedado sin equipo. Europa se los está rifando.

Bicampeones del mundo

Hace ocho años, cuando NADIE seguía el balonmano en este país y yo me entretenía practicándolo, viví en directo el primer campeonato importante que ganaba una selección española. No era fútbol ni baloncesto, era BALONMANO.

Es un deporte minoritario y muy marginado por los medios, pero sin embargo hoy han firmado una victoria histórica, colocando una segunda estrella en nuestra camiseta. Ha sido un torneo espectacular, donde las ciudades de Madrid, Zaragoza y Barcelona han disfrutado de balonmano en estado puro. Éramos candidatos para estar arriba, pero tampoco eramos favoritos para repetir título. Pero todo ha sido sorprendentemente fácil. A excepción del partido contra Croacia, el resto de victorias han sido muy claras y sin sufrimiento. Cuánto más fácil ganábamos, más miedo daba el momento de la derrota y tener que enfrentarse a la despedida de nuestro mundial, pero no hemos dejado ni un hueco para que ese momento llegase. Ni Alemania, que eliminó a la favorita Francia, ni la todopoderosa  Dinamarca consiguieron plantearnos un final de partido agónico. Especialmente en la final, donde no hubo ni la más mínima alternativa.

Es una fiesta del balonmano, una enorme despedida para el que durante muchísimos años fue mi ídolo deportivo: Alberto Entrerríos. Un día inolvidable.

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Guerreras olímpicas.

En España no estamos acostumbrados a partidos de la calidad e intensidad como el vivido entre España y Corea en la lucha por el bronce en Londres 2012.

Desde hace unos años, o somos tan cracks que ganamos sin emoción alguna, o en el momento en el que llegamos a un final ajustado no sabemos gestionarlo y lo perdemos. El del otro día fue, por tanto, el mejor partido del que he disfrutado en mucho tiempo. Con sus altos y con sus bajos, todos ellos debidos a la suerte o a la desgracia, pero con los dos equipos a tope y sin bajar la cara en ningún momento del partido. Nervios que daban lugar a fallos inexplicables, así como a reflejos inhumanos. Y prórrogas. Dos prórrogas que casi me provocan un infarto. Todo para desembocar en ese final feliz que tanto nos merecíamos y que tanto costó. Todo para ganar un bronce que sabe como el más grande de los campeonatos. Todo para demostrar por qué las llaman las «guerreras olímpicas».

En el peor momento que ha vivido el balonmano español desde hace décadas, y casi a modo de despedida, las chicas de oro ganaron su partido más importante. Justo ahora, cuando la profesionalidad de la ABF cuelga de un hilo, cuando ni una jugadora extranjera se atreve a llegar a nuestro país y tanto las estrellas consagradas como las dulces promesas dan el salto para jugar más allá de nuestras fronteras. Cuando, para variar, el deporte femenino queda relegado a la ultimísima posición y los medios prestan más atención a la almorrana que le ha salido a Cristiano Ronaldo en el culo que a una presencia española en competición europea. En este preciso instante han llegado ellas y han dado un puñetazo sobre la mesa diciendo «aquí estamos nosotras». He estado orgullosa en varias ocasiones de los equipos o selecciones cuyos colores he defendido, pero nunca me he emocionado tanto con una victoria.

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