Más allá de sus dos ciudades principales (Sarajevo y Mostar), perderse por Bosnia no es ninguna pérdida de tiempo. Aunque mejor si en vez de enfrentarse a carreteras y mapas del siglo pasado confiamos en un amable guía para descubrir alguna de las joyas que se esconden a tan sólo unas decenas de kilómetros: igual de espectaculares pero libres del ajetreo y del continuo acoso hostelero que existe en Mostar.
Por ejemplo, Blagaj Tekke es un monasterio de hace 600 años que se sitúa junto a un enorme manantial de agua, en medio de las montañas. La casa principal, se conserva como muestra de un hogar musulmán de la época.
La ciudadela de Pocitelj data de 1383, y fue en su día muy importante por su situación en el valle con respecto al río, tanto para el comercio como para los peregrinos. Sigue manteniendo una impresionante mezquita, baños y un impresionante castillo desde el cual las vistas al valle son espectaculares. Lo más llamativo de Pocitelj es, pese a su belleza, la autenticidad de sus calles y de sus ruinas (la «escalada» hasta el castillo es toda una aventura, donde se atraviesan ventanas y paredes caídas durante la guerra por tu cuenta y riesgo). Espectacular.
Trevinje es una de las últimas ciudades que pertenecen a Bosnia-Herzegovina antes de llegar a la frontera con Montenegro. Y aunque poca gente la visita, para mí hay 3 cosas por las que merece totalmente la pena acercarse. La primera es que se trata de una ciudad de la república serbska, lo cual permite tener una visión más completa de todas las culturas que componen Bosnia-Herzegovina. La segunda es que posee un puente que poco tiene que envidiar al de Mostar, con el plus de que lo tendrás sólo para ti en las fotos. Y la última es que se trata de una ciudad de tamaño considerable con muy poco turismo, por lo que es la oportunidad perfecta para explorar sus mercados, comprar Rakija casero y disfrutar de grandes platos a precios muy bajos.
Y por último, el más concurrido de los tres rincones que descubrí son las cascadas de Kravica. Aquí sí que hay manadas de turistas, y te cobrarán tu buena entrada por acceder al recinto. No obstante, son menos conocidas que sus hermanas de Croacia (Plivitze y Krka) y tienen el plus de que permiten el baño y sus aguas están considerablemente más limpias. Tratando de evitar fines de semana y los meses más turísticos del año, son una visita excelente.












