Una de las cosas que me gusta de las navidades es que para compensar la bazofia televisiva que nos meten durante todo el año suelen rescatar auténticos peliculones.
La elegida de este año ha sido Mary Poppins, una de las películas más machacadas durante mi infancia. Pero no he sido consciente de lo mucho que esta película es «de toda la vida» hasta que he leído que tiene nada más y nada menos que ¡48 años!
La verdad es que vuelves a verla ahora y se nota el paso de los años, sobre todo en calidad y color… pero oye, la historia es de las que perdura, y las canciones de las que siguen enganchando. Yo tiendo a ser un poco crítica con los rumbos que ha tomado Disney en sus últimas grabaciones, y la existencia de tesoros como Mery Poppins me da la razón. Sinceramente, dudo mucho que las últimas super producciones de Hannah Montana o Chicken Little sean recordados medio siglo después.