El buscón

– Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal. Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos: – Quién no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que os alguaciles y jueces nos aborrecen tanto?

Curioso enterarme de que esta divertida novela de D. Francisco de Quevedo a principios del siglo XVII jamás fue reconocida, posiblemente para evitar problemas con la ley en general y con la Inquisición en particular.

He de reconcer que la lectura del castellano antiguo no es fácil, aunque el soniquete es pegadizo y va fluyendo a medida que avanzan los capítulos. En cuanto al contenido, nada que no hayamos estudiado en el colegio en forma de «10 características de la novela picaresca», y a la vez todo. Y yo me pregunto, ¿por qué no obligar a los jóvenes de 16 años a desgranar este tipo de libros, en vez de Bajarse al moro San Manuel Bueno mártir? El buscón no sólo es capaz de arrancar más de una carcajada, sino que planta sobre la mesa cuestiones de moralidad, sobre cometer delitos como gamberradas de niño o como elección consciente de adulto y, especialmente, sobre las clases sociales y como para mucha gente, por mucho empeño que le pongan, es imposible ascender.

Moving into the reading challenge

Mientras sigo enganchadísima a Juego de Tronos, estoy intentando intercalar entre tomo y tomo un poquito de variedad literaria.

Así es como llegó a mis manos Las tres bodas de Manolita, de Almudena Grandes. Una novela que quería leer desde hacía tiempo pero que no había encontrado el momento.

Todo español debería conocer algo mejor el lado más humano de la guerra civil. Los testimonios que llegan a mi generación sobre la misma son más bien escasos: alguna batallita de nuestros abuelos algo desteñida ya por el paso del tiempo, un par de clases de historia en bachillerato y El Gernica para los que estudiaron arte o visitan el Reina Sofía. Quizás lo más humano son las breves biografías de escritores y artistas que fueron asesinados o tuvieron que buscar el exilio durante la propia guerra civil o los años que siguieron. Demasiado poco, en cualquier caso, para el mayor punto de inflexión en la historia de nuestro país, que define nuestro presente y que aún escuece en las memorias de muchos.

Para los que las narraciones más puramente históricas son algo arduas, nos queda la atractiva alternativa de novelas como esta. Tan fielmente documentada que la piel se pone de gallina cuando la autora da nombres, apellidos, fechas y lugares de las personas que hay detrás de cada personaje. Héroes y antihéroes de carne y hueso que fueron poco más que peones en un juego de poderes que incomprensiblemente duró más de lo que nadie podía imaginarse. Que sobrevivieron gracias a su valor. O a su cobardía. Golpes de suerte, principios y morales (in)quebrantables, perseverancia y sacrificio.

Tachamos por tanto ‘Libro de más de 500 páginas’, ‘Libro de un autor que me encanta y todavía no he leído’. A puntito a estado de caer también ‘Libro que me ha hecho llorar’, pero al final la emoción a flor de piel de algunas partes no han conseguido liberar ninguna lágrima.

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