– Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal. Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos: – Quién no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que os alguaciles y jueces nos aborrecen tanto?
Curioso enterarme de que esta divertida novela de D. Francisco de Quevedo a principios del siglo XVII jamás fue reconocida, posiblemente para evitar problemas con la ley en general y con la Inquisición en particular.
He de reconcer que la lectura del castellano antiguo no es fácil, aunque el soniquete es pegadizo y va fluyendo a medida que avanzan los capítulos. En cuanto al contenido, nada que no hayamos estudiado en el colegio en forma de «10 características de la novela picaresca», y a la vez todo. Y yo me pregunto, ¿por qué no obligar a los jóvenes de 16 años a desgranar este tipo de libros, en vez de Bajarse al moro o San Manuel Bueno mártir? El buscón no sólo es capaz de arrancar más de una carcajada, sino que planta sobre la mesa cuestiones de moralidad, sobre cometer delitos como gamberradas de niño o como elección consciente de adulto y, especialmente, sobre las clases sociales y como para mucha gente, por mucho empeño que le pongan, es imposible ascender.
