El gordo de Navidad

Ayer llamó mi atención uno de estos artículos a cerca de las probabilidades que encierra el gordo de Navidad escritas por «eruditos» de las matemáticas.

Un titular decía que «lo más probable es que el gordo tuviese una cifra repetida». Luego, si te metías en la noticia, te encontrabas con una entrevista increíblemente monótona a un matemático, donde ya se puntualizaba que «es más probable que el Gordo tenga alguna cifra repetida a que tenga todas distintas».Vaya, ya hemos pasado del súper truco de como incrementar las posibilidades de ganar a una frase de las que le gustan a los políticos: parece que dice algo pero está vacía de significado.

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El Gordo es uno de los clásicos de la Navidad en los hogares españoles. Recuerdo cuando era pequeña y me despertaba la mañana del 22, que solía coincidir con el primer o segundo día de las vacaciones del cole, con las vocecillas de los niños de San Ildefonso y mi madre o mi abuela pululando por la casa con el soniquete de fondo. Nunca tocó nada, pero oye, era tradición. Siempre estaba por ahí la ilusión de que tocase algo, sabías que las posibilidades eran ínfimas (a pesar de ser el sorteo con más premios de todo el año), pero el día de antes siempre tenías el interesante tema de conversación de soñar con los pisos y los coches que te comprarías con uno de los premios principales.

Una cosa son los anuncios de la fábrica de sueños que le ha dado por hacer últimamente a Loterías y apuestas del Estado, y otra muy distinta es malmeter la ciencia y la estadística en un terreno en el cual la ilusión y la «magia» de las fechas son las reinas. El país esta mal, y el periodismo está peor, el cual intenta aparentar solidez y rigor soltando gilipolleces como titulares, para cautivar a los que no ven más allá.