Allá por los 80, cuando todos estaban construyéndose centrales nucleares, España no quería ser menos (aunque solo fuese por esa vez) y diseñó un plan nuclear ambicioso. Pero como siempre no contaba con un factor imprescindible en la historia de nuestro país: que los cambios de gobierno implican destrozar toda la política que había creado el partido anterior.
Cualquiera se puede imaginar que construir una central nuclear no es nada sencillo, ni temporal ni económicamente. ¿Queremos cifras? Pues así, sin anestesia ni nada, entre la fase de estudios de localización, diseño, papeleo, construcción, pruebas de seguridad, más papeleo y más pruebas de seguridad, pasan aproximadamente 15 años desde que se toma la decisión de empezar el proyecto hasta que se crea el primer megavatio.Y en pelas, que es lo que nos importa, unos 4.000 millones de euros. Luego dan pasta por un tubo, pero hasta entonces se necesita una inversión importante.
Como iba diciendo, España estaba motivadísima y había previsto la construcción de hasta 20 reactores para la producción energética. Más o menos el tema funcionaba así: el Ministerio de Industria daba los permisos y ponía las condiciones, y una o varias eléctricas firmaban el pacto, pagaban los 4.000 millones de euros que costaba la construcción y luego la explotaban. Los electrones empezaban a circular, y con ellos la electricidad, el dinero y la alegría.
Dicho y hecho. Todo iba sobre ruedas, y ya eran 8 las centrales nucleares construidas. La siguiente en la lista llevaba 14 años, 11 meses y 29 días de gestación cuando el cambio de gobierno significó el cambio de decisión. Ahora esa novena central nuclear ya construida, con todos los trámites superados así como todas las pruebas de seguridad, no podía introducir el combustible y empezar a funcionar. Así, de la noche a la mañana.
La eléctrica que estaba detrás de los euros hizo lo que tenía que hacer, y le dijo al gobierno educadamente que ya que no corrían los electrones, que corriese el dinero. El estado tenía que pagarle la construcción de la central, ya que si no le permitían la explotación no podría recuperar el dinero invertido. A partir de este punto no sé muy bien como evolucionaron las negociaciones. Lo que sé es que lejos de reconsiderar la opción de dejar que al menos esa central que ya estaba a punto de caramelo empezase a producir, la decisión fue pagarle a la eléctrica tanto la construcción como la explotación. Y suerte que no añadieron un extra por daños morales.
Y si alguien se pregunta de dónde salió todo ese dinero… aquí hay que confesar que el gobierno hizo una excelente labor hipotecándonos a todos y cada uno de los consumidores de electricidad de este país, que desde entonces pagamos un plus sin especificar en nuestras facturas.
NOTA: No tomar los plazos al pie de la letra. Los nombres de los protagonistas me los guardo para mí.