¿Qué hace humano al ser humano? Lleva más de un millón de años en este mundo. Sin embargo, la mágica transformación que hizo de este animal gregario e inteligente algo totalmente nuevo tuvo lugar hará unos diez mil años. Pensemos: durante el 99 por ciento de su historia, el ser humano se ha escondido en cuevas y ha masticado carne cruda, sin medios para darse calor, ni para crear herramientas, ni siquiera armas. Ni siquiera sabía hablar de verdad. Tampoco sus emociones diferían sustancialmente de las de los simios y los lobos: hambre, miedo, apego, preocupación, satisfacción… ¿Cómo pudo aprender, en apenas unos siglos, a construir, pensar y poner por escrito lo pensado? ¿A transformar la materia que lo rodeaba? ¿A inventar? ¿Por qué se puso a dibujar? ¿Cómo descubrió la música? ¿Cómo pudo someter la Tierra y transformarla de acuerdo con sus necesidades? ¿Qué descubrió hace diez mil años ese animal?
Sólo las letras – la escritura- hicieron posible que el ser humano sacara de su minúsculo cráneo los conocimientos acumulados y los legara a sus descendientes con precisión. Con ellas se había liberado del destino de tener que descubrir una y otra vez lo que se había descubierto hacía tiempo, y había podido elegir construcciones propias sobre un fundamento sólido establecido por sus antepasados.
Metro 2034, Dmity Glukhovsky
