Un pez radiactivo.

No es como le de los Simpson, ni le han salido tres ojos, pero este pez encontrado en las proximidades de Fukushima presenta unos niveles de radiación 2.500 veces superiores a la dosis permitida.

La pregunta que me surge creo que es bastante evidente… ¿y qué hace vivo? Si tan maligna es la radiación, ¿cómo puede seguir aleteando un ser vivo que supera 2.500 veces la tasa máxima permitida?

La respuesta es que los daños que produce la radiación constituyen todavía una gran laguna científica. Se sabe que la radiación es mala, pero no cuanto de mala. Se asocia con cáncer (mutaciones provocadas por elevadas excitaciones energéticas a nivel atómico) pero no hay datos concluyentes sobre cuanta radiación o en cuanto tiempo comienza a ser peligrosa o tiene efectos irreversibles. Consta que las personas expuestas a enormes dosis murieron como consecuencia evidente de la exposición (los Curie, aquéllos anónimos conejillos de indias de los submarinos rusos o los liquidadores de Chernobil), así que se decidió fijar unas dosis realmente conservadoras tanto para profesionales del sector nuclear, como para personas ajenas e incluso alimentos o material orgánico situados en las proximidades de zonas de trabajo con radiactividad.

Por eso hay que hablar del tema de la radiación, las dosis recibidas y las dosis expuestas con algo más de delicadeza de lo que se hace. Para alguien que no tenga ni idea de lo que es un bequerelio, hablarle de la radiación recibida durante una prueba de medicina nuclear es hacerle pensar que puede salir de allí con tres brazos. Cuando en realidad no es nada comparado con la que recibe una persona que vive en la sierra de Madrid del granito de las montañas, por muy limpio que esté el aire que respira.