Y Garoña se apagó… Tras 42 años de servicio, a las 22.57 su reactor disparó por última vez para nunca más volver a encenderse.
Era la central nuclear más antigua de España, por detrás de José Cabrera (Zorita), y producía 1381 MW. Se había pasado los últimos años prolongando su licencia de operación cada vez más, y cuando hace unas semanas anunciaban que seguiría funcionando hasta 2018, los nuevos impuestos sobre residuos nucleares del gobierno la han puesto entre la espada y la pared, y la decisión tomada ha sido detener la explotación de la central para evitar las tasas abusivas que entrarán en vigor en el 2013.
Me da rabia la reputación que actualmente tiene la energía nuclear en España. Por mucho que algunos se hayan dedicado a divulgar noticias falsas, Garoña no cierra por problemas de seguridad. Las centrales nucleares se someten a exhaustivos y continuos controles, y si ha seguido hasta ahora en operación e incluso tenía los trámites para continuar es porque está en perfectas condiciones para seguir produciendo electricidad. Me fastidia ver como la electricidad sube y sube, y los eruditos de la energía atómica no han sido capaces de transmitir las ventajas de una forma de energía que estaba destinada a ser la fuente de suministro de los próximos siglos. La opinión pública está en contra de lo nuclear, y no les culpo vistos los daños que ha causado hasta ahora y el recelo de los científicos a explicar claramente en qué consiste y cuales son sus peligros.
Y entre todo esto, me pregunto si este es el camino que quiero seguir.