Tirana

Albania es un país que, en el momento más álgido de su fiebre comunista, dejó de lado a Yugoslavia porque no era lo suficiente roja. Se acercó a Rusia y a China, y ante la ausencia de alianzas que le convencieran entre los 60 y los 80 sembró el territorio con 173,371 bunkers (resultando una media de casi 6 por kilómetro cuadrado) ante el miedo de que cualquiera de sus enemigos (el resto del mundo) pudiese atarcarlos, y se inició un periodo de aislamiento que se prolongó bastante más allá de la caída del régimen popular socialista en 1991, ya que los mismos partidos políticos continuaron (y continúan) en el poder.

Hoy en día Tirana es, por un lado, el botón de muestra de toda esta historia del país. Por otro, es una capital europea donde prolifera la cultura, los graffitis y otros movimientos artísticos, la buena cocina y la vida nocturna. Es una ciudad caótica, a veces ininteligible para el turista, pero muy colorida y tremendamente interesante de descubrir. Profesan una admiración sobrenatural tanto por los Mercedes como por los americanos. Y aún hay muchas cosas de las cuales no se puede hablar y que ni si quiera se debe preguntar a los guías turísticos.

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Mostar

Most en serbocroata no significa otra cosa que puente. Y aquí está quizás el más famoso de todos: espectacular desde fuera, y complicado de atravesar desde dentro por lo empinado (sobre todo si vas en sandalias o está el pavimento mojado).

Mostar es un punto muy estratégico de bosnia. El río que lo atraviesa, era la frontera natural entre la parte de mayoría serbia y la parte de mayoría croata que dividían el país. Durante la parte de la guerra en la que parecía que la solución más viable sería que la mitad de ese territorio de nadie que se había quedado ahí en medio se repartiese entre Serbia y Croacia, definir para quién sería la icónica ciudad de Mostar se convirtió en un quebradero de cabeza para todos. Y como de iconos iba la cosa, el Stari Most (puente viejo) que se había mantenido en pie desde el siglo XVI fue volado por los aires a propósito en 1993. Una pérdida más de la larga guerra en la que, finalmente, poco se dio a Croacia o a Serbia, y en su lugar se acabó estableciendo el estado de Bosnia Herzegvina que sigue siendo una mezcla de croatas, serbios y musulmanes.

Obviamente, Mostar no se podía quedar sin su Most favorito, que fue reconstruído en 2001. Hoy en día, Mostar es de nuevo una ciudad de postal. Eso sí, si la visitas en persona deberás pelearte con hordas de turistas y con temperaturas extremas (pocos lo saben, pero es una de las ciudades más calurosas de Europa y en agosto es fácil encontrarse con los 42º).

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Sarajevo

Adentrarte en territorio bosnio desde centroeuropa es atravesar una frontera que va más allá del sello en el pasaporte. Es pisar un terreno donde la guerra aún se siente en las humildes casuchas que surgen a los bordes de la carretera. Frente a la naturaleza brutal y salvaje, es como si las carreteras y resto de construcciones humanas no quisiesen (o no pudiesen) perturbarla.

Sarajevo no olvida que sufrió el sitio más largo de la historia moderna: más de 1.000 días, casi 4 años en los que perecieron más de 12.000 personas y 50.000 fueron heridas (siendo 75% de ellos civiles). Y de nuevo, no es que no quiera sino que tal vez no pueda permitirse restaurar los muchos edificios que se han mantenido en pie a pesar de los proyectiles que lucen sus fachadas. La historia es tan reciente, que tampoco resulta complicado encontrar a jóvenes que te pongan los pelos de punta al contarte como fue su infancia. Con tristeza, pero también con humor, miran al pasado y también al futuro. Se quejan de la OTAN, de la Unión Europea, de la religión minoritaria que regala pasaportes europeos a sus afiliados. Lucen en cada rincón los anillos de unos juegos olímpicos que marcaron los mejores años de la ciudad y, por primera vez en este siglo señalan, ya sin orgullo, el punto exacto donde, pretendiendo tan sólo liberar a Bosnia del imperio austrohúngaro, el asesinato tras dos intentos de Francisco Fernando de Austria dio comienzo la Gran Guerra.

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