Istanbul adventure

Segundo Council Meeting, empalmado con unos días extra de turismo por la bonita Estambul. Vacaciones de Semana Santa unido a una buena amiga dispuesta a abrir su casa y convertirse en la mejor guía del mundo mundial.

Qué decir de esos primeros días en Estambul. Hacia mucho tiempo que una ciudad no me sorprendía tanto como lo ha hecho el corazón de Eurasia, la ciudad de los dos continentes. Mezquitas y casco antiguo con una belleza inigualable, contrastan con una ciudad que lucha por la justicia, por la libertad y por librarse de la pesada carga política del pasado (a veces muy muy reciente). De Santa Sofía a Taksim, de los ferrys y las visitas a la parte asiática a los bazares. Del típico kebab (no sin sorprendentes cambios con respecto a lo que nos venden en España) a las hamburguesas húmedas, los mejillones a las 4 de la mañana tras salir de un pub o los suculentos desayunos en Besiktas. Lo mejor de todo, tener a alguien para contestar todas las preguntas sobre el país y la ciudad. La religión, gezi park, Erdoğan, los tés a todas horas, la comida turca…

De todo ello me quedo con una noche al lado del famoso puente, con una patata asada y a continuación en una pequeña terraza escondida. Con una cachimba turca y un té turco (por que sí, son distintos). Compartiendo ideas, diferencias culturales, arreglando el mundo y disfrutando de la noche de Estambul en su máximo esplendor.

Si el nivel ya estaba alto, justo entonces empezó el verdadero Council Meeting. Con todos los viejos conocidos con los que me iba a reencontrar, no necesitaba mucho más. Sin embargo el local group de Bogazici estaba dispuesto a darnos el mejor evento de la historia de ESTIEM. El hotelazo de 5 estrellas estuvo a la altura de las expectativas creadas por una rimbombante promoción. La organización muy muy por encima (muchos pensaban que ahí la cultura iba a tirar hacia abajo con altas dosis de caos e impuntualidad). Durante los coffee breaks hubo derroche de relaciones corporativas, con productos gratuitos e ilimitados de Nescafe, Redbull, Pepsi o Frigo, además de todas las chuches, fruta o bebidas del mundo. Y oh, qué decir de las fiestas en barcos, la cena de gala en un hotel si cabe más lujoso que el que nos alojaba o los autobuses que teníamos a nuestra disposición. Pero lo mejor de todo de nuevo, fue el ambiente ESTIEM. Todos detalles anteriores se convirtieron simplemente en el escenario perfecto para disfrutar de esos reencuentros, conocer a gente nueva, fortalecer esas bonitas relaciones en la distancia y completar el ocio y el play hard con intenso work hard. Tanto para la propia asociación, como crecimiento personal de nosotros como participantes.

Sin duda un viaje inolvidable, que aunque no sea el último que haga ni con ESTIEM ni con la universidad, sí que se ha convertido en el culmen a estos últimos meses y que siempre guardaré en mi memoria.