Coches compartidos

La movilidad está cambiando. Tanto por el avance de las tecnologías que han impulsado al avión como la primera opción a considerar para desplazamientos medios-largos, o el tren que se ha asentado como alternativa de mayor comodidad y menores tiempos de espera en los trayectos medios. Por supuesto, el omnipresente automóvil se mantiene en primera posición, sin dejar de reinventarse en cuanto a accesorios, menores consumos, mayor seguridad para el usuario y haciendo malabares para adaptarse a las cada vez más estrictas medidas de anticontaminación.

Pero el segundo factor a tener en cuenta es la mentalidad de los usuarios. Más allá de las normativas, han tomado conciencia absoluta de a necesidad de hacer uso de un transporte responsable y sostenible, y han inundado las ciudades de bicis (quizás España no sea el mejor ejemplo de ello, pero hasta aquí se está notando). Hacen un mayor uso del transporte público, incluso cuando ello perjudica a la comodidad o rapidez del trayecto, casi siempre que supone un ahorro económico. E incluso el comprador habitual de un vehículo privado ha dejado de fijarse en las potencias o aceleraciones máximas para preguntar en el concesionario por los consumos mínimos o la eficiencia del vehículo.

Entre todas estas novedades, ha surgido el fenómeno del vehículo compartido acompañado, como casi todas las novedades que aparecen hoy en día, por Internet, las redes sociales y nuevos usos que les estamos encontrando. Supone un ahorro económico tanto para el dueño del coche, que hará igualmente el trayecto, como para el «invitado» que pagará bastante menos que al comprar un billete equivalente de tren o de autobús.

Con la cantidad de cosas interesantes que contar al respecto, me pregunto en qué pensaba esta gente para abrir así este artículo:

Los tres pasajeros que Ángel C.R. llevaba en su coche desde Madrid a Valencia una madrugada de noviembre no imaginaban que su chófer era un fugitivo buscado por la justicia. Se habían citado con él a través de una de las web que pone en contacto a conductores y viajeros para compartir gastos, y todo iba bien hasta que llegaron a un control rutinario de la Guardia Civil. En vez de parar, Ángel pisó el acelerador y huyó, convirtiendo la tranquilidad de segundos atrás en una desaforada persecución policial que acabó con la detención del prófugo y un susto de muerte para sus acompañantes. Ángel no tenía carné de conducir y estaba en busca y captura por varios delitos.