Am I hearing a call for social capitalism?

I drool over the speech that Mr. Obama recently did.

Will we accept an economy where only a few of us do spectacularly well? Or will we commit ourselves to an economy that generates rising incomes and chances for everyone who makes the effort?

I simply can not imagine a Spanish politician defending a tax rise for the wealthy and the strongest companies. Both in here and in the USA, companies have a strong control over politicians and fill their pockets, but apparently Obama has gone over that and sticked to his social values, while here every lame-duck is dirty with corruption. Or even worse, there is no one here with acceptable rhetoric skills that make people believe they care any more.

Hearing Obama to say some of the epic statements that he did, is not only a check for US congress, but also for all the other European countries. He is pointing social equality as the path to follow after crisis recovery, and this will obviuosly have more impact that the speeches that scholars, NGOs or caring people have been pushing for years.

Movements like this one make fair the Peace Nobel Prize he got years ago. Because  he might not be as brave as Malala or Kailash, but he shows another type of bravery standing with his principles, not avoiding political confrontation and using his position – the one with highest influence in the world-  to try to get out something good, despite the political mistakes he does too.

1984

En un mundo en el que todos trabajaran pocas horas, tuvieran bastante que comer, vivieran en casas cómodas e higiénicas, con cuarto de baño, calefacción y refrigeración, y poseyera cada uno un auto o quizás un aeroplano, habría desaparecido la forma más obvia e hiriente de desigualdad. Si la riqueza llegaba a generalizarse, no serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era posibe imaginarse una sociedad en que la riqueza, en el sentido de posesiones y lujos personales, fuera equitativamente distruibuida mientras que el poder siguiera en manos de una minoría, de una pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, a gran masa de seres humanos, a quien la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia.

 

1984, George Orwell.

Habilidades transversales.

Una de las habilidades transversales que por fortuna o por desgracia incorporamos todos los ingenieros made in UPM es la habilidad de tratar con superiores que abusan de su poder. No son mayoría, tampoco vamos a exagerar, pero ningún ingeniero se titula sin haber sufrido a alguno de estos energúmenos.

Yo hasta ahora he pasado por dos. La primera me impactó de lleno en mi primera convocatoria de primer curso, cuando aún era una ingenua aspirante a mantener su impecable media de bachiller en una ingeniería. No sé en que momento me crucé en el camino de una profesora que decidió odiarme hasta el punto de corregir mi examen dos veces de forma que pudiera bajarme un punto de cada ejercicio hasta llegar al 4 (en la revisión comprobé como las notas de cada apartado estaban tachadas y al lado aparecía una inferior). Confieso que salí del bache y aprendí la lección.

La segunda, muy recientemente, la ha protagonizado un profesor en su último año de docencia (su asignatura se extingue con el cambio de plan). Su forma de llamar la atención ha sido suspender a un 80% de los alumnos unas ridículas prácticas con aportación nula a la nota salvo APTO/NO-APTO. A su juicio, ha habido al menos una entrega de cada uno de nosotros insatisfactoria, con lo cual nos citó de un día para otro para recuperarlas o suspender. Con la mala suerte de que la fecha de recuperación coincidía con mi viaje a Estocolmo. Durante las 24 horas que este personaje no se dignaba a atenderme personalmente ni responder mis emails me derrumbé pensando que se iba a cargar mi viaje, tras comprobar el desproporcionado coste que supondría un cambio de vuelos. Tras muchos ruegos, lloros, justificaciones en papel y asalto tras el almuerzo conseguí que me permitiera realizar la dichosa recuperación un día antes de irme.

Aunque lo he pasado mal, ha sido un tierno recordatorio de que en estas situaciones somos marionetas en manos de profesores con ganas de jugar y entretenerse. Pero enfrentarnos a estas situaciones, por muy impotentes y cabreados que nos haga sentir, aporta más de lo que pensamos. Nadie nos asegura que en unos años no nos vayamos a encontrar con un jefe cabrón y que nuestra mejor estrategia se reduzca a no despertar a la bestia y hacerle la pelota.