Bipartidismo

El debate sobre el estado de la nación que se produjo en el día de ayer sí que ha sido patético, señor Rajoy. Candy Crush, gritos de alentación al más puro estilo hooligan y alguna que otra falta de respeto. Para deleite de muchos PP y PSOE han decidido tirarse al barro y practicar el mismo wrestling al que nos tienen acostumbrados los partidos que les amenazan. Se pareció más a un plató de Telecinco o a un patio de colegio que a las Cortes.

Aunque la verdad tampoco se puede decir que las Cortes hayan tenido buen aspecto últimamente. Afortunadamente para todos, se palpa en el ambiente que el bipartidismo está a punto de derrumbarse. Se ha dado el pistoletazo de salida para las campañas y el politiqueo barato. Ninguno tiene nada que perder: los nuevos, por nuevos. Los de siempre, porque han agotado la credibilidad. Esa credibilidad que se están ganando a pulso las alternativas que antes no existían.

Sin duda la próxima legislatura será dificil de gobernar. Mejor. ¿Quién dijo que tenía que ser fácil hacerlo? De hecho no estaría mal revisar la ley electoral para que los presentes del hemiciclo sean la representación más fiel posible de los ciudadanos, y que hubiese sido dificil desde hace un tiempo. Gobernar tiene que ser complicado. Tiene que implicar enfrentamientos de opinion que reflejen los pensamientos de los distintos grupos que cohexisten en España. Debería ser producto de acuerdos y concesiones, y no resultado de la unanimidad de un único partido político que posee la mayoría absoluta. Tengo ganas de ver a enemigos politicos ponerse de acuerdo por el bien de un país, como ocurre en Alemania, donde el gobierno está formado por una coalición de lo que aquí son PP y PSOE.

Tengo ganas de volver a creer en la política, y de que nuestros representantes hagan justicia a los españoles, en vez de avergonzarnos.