El buscón

– Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal. Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos: – Quién no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que os alguaciles y jueces nos aborrecen tanto?

Curioso enterarme de que esta divertida novela de D. Francisco de Quevedo a principios del siglo XVII jamás fue reconocida, posiblemente para evitar problemas con la ley en general y con la Inquisición en particular.

He de reconcer que la lectura del castellano antiguo no es fácil, aunque el soniquete es pegadizo y va fluyendo a medida que avanzan los capítulos. En cuanto al contenido, nada que no hayamos estudiado en el colegio en forma de «10 características de la novela picaresca», y a la vez todo. Y yo me pregunto, ¿por qué no obligar a los jóvenes de 16 años a desgranar este tipo de libros, en vez de Bajarse al moro San Manuel Bueno mártir? El buscón no sólo es capaz de arrancar más de una carcajada, sino que planta sobre la mesa cuestiones de moralidad, sobre cometer delitos como gamberradas de niño o como elección consciente de adulto y, especialmente, sobre las clases sociales y como para mucha gente, por mucho empeño que le pongan, es imposible ascender.

Grow and… succeed?

Qué dificil es mantener el éxito en una empresa que crece.

Se pasa de la motivación e ilusión características del que empieza en algo, a la presión por obtener resultados. De las enormes celebraciones tras alcanzar el objetivo más insignificante a la exigencia e insatisfacción. De ofrecerse voluntario a llevar a cabo una tarea porque, al fin y al cabo, no hay nadie más para hacerlo, a que lo haga otro, que para eso hemos crecido y hay que delegar. De la claridad y engranaje de un pequeño equipo y un único lider, a los problemas de comunicación y la aparición de grupitos y personalidades no homogéneas. De la dedicación total y apasionada a cada nueva persona que entra, para formarla en las ideas y valores de la empresa, a la dificultad de hacerles llegar cómo somos y por qué.

Qué importante es saber crecer y hacerlo de forma sostenible.

Reflexiones de la hora del planeta

A pesar del prometedor video que posteé ayer, hoy he pasado la hora del planeta de forma un poco diferente.

Primer paso, e imprescindible, apagar todas las luces y aparatos electrónicos de mi alrededor. Sí, wifi y móvil incluidos. Paso previo e importante antes de apagar la última de ellas, buscar una vela y un mechero.

Mi vela y yo nos hemos sentado en mi cama y he empezado a reflexionar sobre los motivos por los que estaba haciendo eso. «Hora del planeta». Suena pretencioso, ¿no? ¿Regalar una hora de mi vida al planeta? ¿Pensar en que «toda» Europa en ese instante estaba haciendo lo mismo y todas los videos guays de los edificios apagándose? ¿O en el minivalle que notarán las eléctricas y que maldecirán a ecologistas y ONGs por promover estas iniciativas mientras desconectan los ciclos combinados del país? La inercia consumista del planeta no es algo que podamos invertir. Ni con una hora, ni con un mes del planeta. Entonces, ¿qué?

Los siguientes argumentos que me vinieron a la cabeza fueron egoístas: participo en la hora del planeta para sentirme bien. Vale, no es el objetivo principal, pero es un comienzo. Sentirme bien en el sentido de pensar que por un momento me estoy aislando de ese consumismo, estoy ahorrando luz, estoy siendo sostenible. Y ese sentimiento mola, te hace parecer buena persona, es reconfortante. La siguiente pregunta es inevitable: si estamos de acuerdo en que no va a cambiar el mundo, ¿de qué sirve esa mísera hora que le dedique? Exacto, no sirve de nada. Pero sí que hay algo que pueda hacer. Quizás no vayamos a cambiar el mundo con estas iniciativas, pero a lo mejor sí que puedo mejorar un poco mi día a día. Seguir yendo a la universidad andando, utilizar un poquito más el ascensor, desintoxicarme del móvil y el whatsapp al menos un par de horas al día, conseguir que reciclemos en el piso, no imprimir los boarding pass de mis viajes…

Y así, con pequeños cambios y propósitos es como me ha sido útil la hora del planeta. Sobretodo porque más allá de las acciones, he recordado el objetivo que hay detrás de todas ellas. Tener una actitud más responsable y ser un poco más sostenible.