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La torre de las calaveras es probablemente uno de los monumentos más impactantes de los balcanes, muestra del caracter y compromiso de sus habitantes. En 1804, los serbios se rebelaron por primera vez contra la ocupación otomana, aunque sin demasiado éxito. Al verse derrotados, su líder ordenó al ejército serbio inmolarse en una gran explosión de pólvora, matando también a unos cuantos enemigos con su última acción. Los otomanos decapitaron y despellejaron a los enemigos ya muertos para construir con sus 952 calaveras una gran torre que sirviese como advertencia al resto de sus enemigos, y de serbios que siguiesen pensando en el levantamiento.

Años más tarde, cuando en 1878 los serbios recuperaron finalmente el territorio convirtieron la skull tower en una zona de culto, construyendo una iglesia a su alrededor, como muestra de respeto a los primeros héroes que se alzaron frente a los otomanos.

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Kosovo

Kosovo es… difícil. Me empeciné en visitarlo como parte de mi ruta immersiva en los balcanes porque, habiendo ya escuchado la historia de muchas de las partes, quería conocer de primera mano la versión kosovar. Qué pasó antes y después de la declaración unilateral de dependencia (qué de moda está esto) de 2008. Cuál es la situación actual del país, y cómo ven ellos que se hable de una «Great Albania» en la que ambos países se reunifiquen. Cómo se ve allí que Serbia y España sean los dos únicos países de la UE que no reconozcan su existencia. Sabía que entrar y salir de Kosovo sería problemático: un sello en mi pasaporte no siempre reconocido, un extraño desvío en nuestra ruta con mucho tiempo muerto debido a que no desde cualquier país se es bienvenido y una oferta turística casi inexistente en comparación con otros destinos de la zona. No obstante, la enorme curiosidad nos hizo imprescindible incluir en nuestra ruta a Prishtina, su capital.

Tras pasar 2 días en Prishtina, me entristeció enormemente que me sobrase día y medio y que a pesar de todos mis esfuerzos apenas ninguna de las preguntas que me planteada empezó si quiera a ser respondida. Visité el Museo Etnológico (una casa típica del siglo XVIII – XIX), el Museo Nacional de Kosovo (una sala con restos arqueológicos de la zona), el Museo Nacional de Arte (una sala con 4 piezas de arte moderno), la Biblioteca Nacional (cerrada) y las 3 principales mezquitas de la ciudad (cerradas). En ninguno de ellos encontramos información disponible, y aunque en todos los abiertos había algún tipo de vigilante que hablaba un inglés aceptable, nadie parecía tener ganas de hablar con nosotros. Tampoco encontramos ningún tour, ni gratis ni pagando. Y al preguntar en nuestro hostal por sitios que visitar y un restaurante donde comer, nos indicaron un sitio de comida rápida donde vendían hamburguesas. Del tiempo que nos sobró, pasé una mañana en una cafetería frente al parlamento, viendo a los responsables del país entrar y salir. Todos tan trajeados y sonrientes, al más puro estilo americano, qué gran contraste con la visión del resto de la capital donde predominan la precariedad y los locales abandonados…

No es tarea sencilla por tanto llegar a Prishtina como turista. Tuve en todo momento la sensación de ser una persona non-grata. En Kosovo no se visitan sitios, no se hacen preguntas, no hay ni orgullo ni vergüenza: sólo encontré indiferencia. Es un país independiente según la ONU, pero donde las banderas de Estados Unidos y Albania ondean siniestramente en cada edificio oficial. ¿Volvería a Kosovo si volviese a tener la oportunidad? Sí, probablemente no podría resistir la curiosidad de verlo con mis ojos e intentar descifrar de nuevo el gran enigma de su existencia. ¿Hubiesen estado mejor invertidos esos días en otros puntos de Albania, Macedonia o Serbia? Sí, probablemente.

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Novi Sad

Novi Sad es Danubio, el imponente río de las grandes capitales europeas alcanza en este punto su cauce más ancho, y toda la ciudad se construye a su alrededor. En agosto el calor es asfixiante y los días se vuelven pesados incluso poco después del amanecer, pero siempre encontrarás una buena sombra donde tomar un café y un burek. Aquí dicen que el calor se combate con bebidas calientes, porque se atempera el cuerpo, y en cuanto la comida es importante probar tantos platos serbios como se pueda: en esta parte de serbia se jactan de tener las recetas más tradicionales y el turismo aún no ha metido la mano.

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