A pesar del prometedor video que posteé ayer, hoy he pasado la hora del planeta de forma un poco diferente.
Primer paso, e imprescindible, apagar todas las luces y aparatos electrónicos de mi alrededor. Sí, wifi y móvil incluidos. Paso previo e importante antes de apagar la última de ellas, buscar una vela y un mechero.
Mi vela y yo nos hemos sentado en mi cama y he empezado a reflexionar sobre los motivos por los que estaba haciendo eso. «Hora del planeta». Suena pretencioso, ¿no? ¿Regalar una hora de mi vida al planeta? ¿Pensar en que «toda» Europa en ese instante estaba haciendo lo mismo y todas los videos guays de los edificios apagándose? ¿O en el minivalle que notarán las eléctricas y que maldecirán a ecologistas y ONGs por promover estas iniciativas mientras desconectan los ciclos combinados del país? La inercia consumista del planeta no es algo que podamos invertir. Ni con una hora, ni con un mes del planeta. Entonces, ¿qué?
Los siguientes argumentos que me vinieron a la cabeza fueron egoístas: participo en la hora del planeta para sentirme bien. Vale, no es el objetivo principal, pero es un comienzo. Sentirme bien en el sentido de pensar que por un momento me estoy aislando de ese consumismo, estoy ahorrando luz, estoy siendo sostenible. Y ese sentimiento mola, te hace parecer buena persona, es reconfortante. La siguiente pregunta es inevitable: si estamos de acuerdo en que no va a cambiar el mundo, ¿de qué sirve esa mísera hora que le dedique? Exacto, no sirve de nada. Pero sí que hay algo que pueda hacer. Quizás no vayamos a cambiar el mundo con estas iniciativas, pero a lo mejor sí que puedo mejorar un poco mi día a día. Seguir yendo a la universidad andando, utilizar un poquito más el ascensor, desintoxicarme del móvil y el whatsapp al menos un par de horas al día, conseguir que reciclemos en el piso, no imprimir los boarding pass de mis viajes…
Y así, con pequeños cambios y propósitos es como me ha sido útil la hora del planeta. Sobretodo porque más allá de las acciones, he recordado el objetivo que hay detrás de todas ellas. Tener una actitud más responsable y ser un poco más sostenible.